jueves, 5 de mayo de 2016

Nada explica nada

El sábado los leteros (así es como los integrantes de la compañía de Laboratorio de Experimentación Teatral se autodenominan) salieron al escenario partiendo de la premisa de que tenían que pasárselo bien. Además el Teatro Sagarra les acogía con la platea casi llena. Sigue siendo emocionante observar la mayoría de las butacas ocupadas para ver a una compañía local no profesional y encontrarte a amigos y conocidos disfrutando igual que tú de la cultura en tu ciudad.

Los componentes del LET han encontrado el lugar en el que se sienten cómodos y eso lo percibe el público. Ese lugar es la experimentación, en todos los sentidos,  en la búsqueda y el encuentro a través del experimento, en la descontextualización de los textos, en la creación a través de la experiencia. Recuperaron Nada explica nada, una obra que ya habían interpretado  tiempo atrás y a la que sumaron lo adquirido en estos últimos años de trayectoria, dejando claro lo mucho que han aprendido y lo bien que saben aplicar sus conocimientos. En ella, un grupo de personas llegan invitadas a una casa para disfrutar de una velada juntos pero, inexplicablemente, ninguna de ellas es capaz de salir de las cuatro paredes del salón en el que acontece toda la obra. Construida a partir de la lectura del texto de Buñuel El ángel exterminador, esta obra aborda los temas típicos de la vida cotidiana: las convenciones sociales, el egoísmo, la presión propia y externa, la culpa, la cobardía. La evolución de los personajes, que llegan contentos y eufóricos a la casa, es clara, y en todos ellos se hace evidente la demacración con la que acaban, abrazados, en su mayoría, por una locura que nos hace reflexionar sobre el curioso desarrollo de la mente humana, cuán duro e incomprensible es su funcionamiento y qué básicos e indefensos nos volvemos todos en situaciones límite.

En el LET son expertos en representar muy bien ese punto sórdido y sombrío de la degradación y de la absurdez humana, nuestro empeño en complicarnos la vida cuando allí fuera es posible que todo resulte mucho más sencillo. En este caso ese punto enigmático está encarnado por el personaje del mayordomo que actúa de observador objetivo, de manipulador de las escenas y de los personajes con los que juega como un titiritero. A medida que van pasando los días y la comida y el agua escasean, cada uno de ellos ofrece la peor imagen de sí mismo y empiezan a aflorar las tensiones en la casa.

Los chicos del LET, cuya cohesión y sincronía es evidente en el escenario, tocan todos los palos: combinan el teatro, la música y la poesía para hacer sus creaciones. Es destacable el trabajo corporal que hacen los actores, a nivel de movimiento y a nivel de espacio, dan importancia a las coreografías grupales y a la puesta en escena. En todo ello es notable la influencia de su directora, Ana Pérez, profesional de la danza y amante de la sutileza y de la belleza de los pequeños detalles. En Nada explica Nada han potenciado los efectos lumínicos con planos de luz diferentes y han jugado también con los efectos sonoros en una inteligente combinación de música en directo y de potentes pistas grabadas bien usadas para describir y reforzar las escenas que acompañan. Entre todos dan sentido a las acciones y son capaces de enterrar bajo una locura compartida una idea tan simple como la oposición a nosotros mismos.

Es cierto que el texto está sujeto a múltiples interpretaciones y cada cuál puede buscar respuesta a los enigmas de la obra como prefiera. A mí me apeteció reflexionar sobre cómo nos obstinamos a menudo en lo desconocido pensando que no lo es, cómo abrazamos la incertidumbre creyendo que la conocemos, cómo nos abocamos al lado oscuro del miedo. En este Nada explica nada puede que la respuesta fuera muy fácil: nadie podía salir porque nadie lo había intentado. Los que sí que han sabido salirse de esta y con sobresaliente han sido los leteros. En su caso ‘todo explica todo’: todo esfuerzo tiene su recompensa.

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