martes, 12 de septiembre de 2017

Cuando deje de doler

Cuando deje de doler
y una canción no sea un páramo
desolado
o las bigas del desastre de un verano
confuso y abrasador
que se precipita al vacío
llevándose consigo una noche de abril;
cuando deje de doler
ya no será hoy
y se abrirá paso un sentimiento
sin ánimo de lucro
que abrazará de nuevos próximos desatinos.
Será
cuando deje de doler
que habré vuelto a construirme
tras el desastre que habrá dejado esta guerra
que se está librando en mi pecho.

lunes, 3 de julio de 2017

Oleaje

Al fin y al cabo, tú, esta sensación oscura
de sed continua insaciable,
y por delante de mí
una procesión de penas -que son mías
y son de otros-
a la que no llegan mis manos.
Tantas bocas distintas.
Tantos llantos distintos.
El mismo vacío.

No estoy ya en tu marea
y aún así me arrastra el oleaje.

lunes, 5 de junio de 2017

Desde los ojos de otro

 


Me he mirado desde los ojos de otro
que han visto cómo me asomaba a los tuyos
y saltaba
y me abocaba a tu risa y a tus dientes
y el mundo se movía
como si esas montañas de gigante adormecido
empezaran a desperezarse y se avecinara el
seísmo.

Y yo, ahí, enfrente de ti, gritando tan fuerte.
Y tú, ahí, enfrente de mí, oyendo el silencio.

Las calles se han desviado y tú has llegado
otra vez
al punto de partida y me has desmontado
y has atropellado con tus palabras aquello que ya no era
y has arrasado con
todo
 –decir todo es decir vida, principios, huidas-.
Debajo de la mesa se mezclan los residuos
de una historia que sigue amenazando.

El cariño es adictivo.
El dolor es propio.
El deseo a veces no se comparte.
Y solo en el mejor de los casos los regresos no son un fracaso.

lunes, 8 de mayo de 2017

No sé decir adiós






Soy una ventana
y me he quedado huérfana de horas
y, sin embargo, sigo cargada de
corrientes marinas.
Flavia ha dibujado que la vida puede bucearse,
como si alguien en su letargo pensara
que no hundirse, no mancharse y no
salpicar pudiera, remotamente,
asemejarse a vivir.
En el yunque del paso del tiempo
y en la forja de los años
y en la migraña de la rutina
las despedidas siempre han sido cicatrices
que no sanan.
Pero yo no sé decir adiós,
siempre acaban sus letras escapando
torpemente del abandono
en una huida hábil hacia la memoria eterna.
No sé decir adiós,
de la misma manera que no sé vivir en
ningún lugar que no sea el abrazo.
Yo no sé decir adiós,
como tampoco sé dibujar o construir o
                                                         levitar
o querer en una sola dirección.
Yo no sé decir adiós
ni utilizar la mano izquierda
ni esperarme ni callar
ni usar nada que no sea la poesía para amortiguar
los golpes
ni dejar de echarte de menos.
Yo no sé decir adiós.
Por eso
vuelve.

lunes, 20 de marzo de 2017

Hay

 


Hay una nostalgia espesa de tus cosas
y de ti
y una parsimonia tonta en la sonrisa.
Hay un recuerdo estruendoso y hábil
y ávido y suave y amedrentado.
Hay una forma inexacta de tu belleza
y de tus manos.
Hay una fragua con brasas lentas
y un olor a decepción y equívoco.
Hay una distancia corta pero suficientemente
turbadora
Y una fe ridícula y unas ganas que a veces
no son.
Qué había, no lo sé, quizás fuera
                                               calma.
Lo que hay ahora eres
asomándote por un presente que
desconozco.                      

martes, 7 de febrero de 2017

Luz de rendija




Si quieres, puedes mandar enajenar todas las primaveras.
Imagina la pena de una luz de rendija
que saca pecho un día de julio cualquiera.
La lluvia no es solo para los valientes
ni quedarse es solo de cobardes.
Yo también sentí esa soledad angosta de frío y silencio
en pleno agosto y en pleno abril
y vi morir un montón de deseos bajo mis pies.
Amanecí un día tras otro llamando a la noche por su
nombre
-amante, poeta, furcia, victoria-.
Me ahogué en bares y desamores
y por una extraña razón salí a flote de nuevo.
Perdí amigos. Y llené espacios, otros que no son
sus huecos ni sus vacíos.
He oído tantas veces a mi voz maniatada por las esquinas
que perdí la cuenta de las derrotas,
por eso sé que siempre podré sumar una más
y esperar una menos.
Pero desde esta noche de luz e insomnio
me siento poderosa y afortunada
y todo me parece mucho más sencillo:
tu amor me duele y me ahoga,
simplemente yo no te merezco
y tú no me sacias la sed.
Yo no sé a quién ves cuando me miras
pero solo soy yo.

miércoles, 18 de enero de 2017

Cuando no estás

Cuando no estás
– un mantra de tardes y mañanas desoladas-
pienso en qué podría hacer la vida
para salvarme
o qué podría hacer yo para salvarme
de la vida.