jueves, 12 de octubre de 2017

Estado de exilio

La companyia La Tacones va presentar dissabte passat al Teatre Sagarra la peça Estado de Exilio, una obra de dansa i experimentació construida a través dels textos de la poetessa Cristina Peri Rossi, una uruguaia que es va exiliar a Barcelona als anys setanta .

Vuit dones fortes i delicades alhora interpreten la fugida i l’arribada des de l’essència del flamenc i defenen individualment i conjunta l’exili propi i també el comú, amb uns moments en solitari potents i un treball coral intens que es reflexa en la construicció de figures i moments grupals molt poètics.

La peça, de creació col·lectiva, està dirigida per l’Ana Pérez i és plena de llums i ombres amb les quals ha sabut jugat molt bé per construir aquest entramat d’esperança i de futur que s’inicia amb una imatge molt impactant. Aquests moments de llums i foscor tan visualment potents es van succeïnt al llarg de tota l’obra i és que, què és sino l’exili més que la recerca de la llum, en tot el seu ventall de possibilitats.

És constant la unió femenina sobre l'escenari, la fortalesa, el companyerisme, la solidaritat  i el suport en aquest intent de les vuit ballarines d’avançar conjuntament vers les insjustícies i les distàncies -físiques i socials- que provoca la partida ja que, com diria la mateixa autora, Partir / es siempre partirse en dos.

domingo, 8 de octubre de 2017

Todo empezó con un baile



Primera página en blanco de un verano cualquiera.
Más días de sol en un calendario en el que agosto
esta vez
quizá no exista.
No duele
porque ningún interrogante pende de las ramas
de los árboles.
Hay una elección y una renuncia
y un amor que no excluye.
Muchos recuerdos concentrados en una sola mirada
y de nuevo
la libertad
que hoy es un océano
y
es
también
una
soga.
Es como si estuviéramos solos en el mundo, dijiste.
Todo empezó con un baile.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Sin consuelo

Tanta muerte ahí fuera.
Tanta nada.
Tanto polvo.
Tanta necedad.
Tanto frío.
Y, sin embargo,
tanta vida aquí dentro.
Qué injusto me parece ahora renacer.
Qué estupidez estar vivo.
Todo lo que conozco
-que es exactamente todo lo que puedo nombrar-
pierde el sentido que tenía
o, por el contrario,
lo gana de golpe.
No hay nada que importe ya
ni nada que deje de hacerlo,
y ambas acciones toman el relevo
de su propio sentido con la misma fuerza:
con la potencia de la rabia acumulada
del que se sabe el único
superviviente de un naufragio.
Qué injusto que sea el dolor el que nos una ahora,
       a penas el meñique de tu mano izquierda
                                                          con el de mi mano derecha.
Un abrazo en la distancia.
Tus ojos y mis ojos
sobre el mismo texto.
Una emoción de ida y,
de vuelta,
un agradecimiento sin consuelo.

martes, 12 de septiembre de 2017

Cuando deje de doler

Cuando deje de doler
y una canción no sea un páramo
desolado
o las bigas del desastre de un verano
confuso y abrasador
que se precipita al vacío
llevándose consigo una noche de abril;
cuando deje de doler
ya no será hoy
y se abrirá paso un sentimiento
sin ánimo de lucro
que abrazará de nuevo próximos desatinos.
Será
cuando deje de doler
que habré vuelto a construirme
tras el desastre que habrá dejado esta guerra
que se está librando en mi pecho.

lunes, 3 de julio de 2017

Oleaje

Al fin y al cabo, tú, esta sensación oscura
de sed continua insaciable,
y por delante de mí
una procesión de penas -que son mías
y son de otros-
a la que no llegan mis manos.
Tantas bocas distintas.
Tantos llantos distintos.
El mismo vacío.

No estoy ya en tu marea
y aún así me arrastra el oleaje.

lunes, 5 de junio de 2017

Desde los ojos de otro

 


Me he mirado desde los ojos de otro
que han visto cómo me asomaba a los tuyos
y saltaba
y me abocaba a tu risa y a tus dientes
y el mundo se movía
como si esas montañas de gigante adormecido
empezaran a desperezarse y se avecinara el
seísmo.

Y yo, ahí, enfrente de ti, gritando tan fuerte.
Y tú, ahí, enfrente de mí, oyendo el silencio.

Las calles se han desviado y tú has llegado
otra vez
al punto de partida y me has desmontado
y has atropellado con tus palabras aquello que ya no era
y has arrasado con
todo
 –decir todo es decir vida, principios, huidas-.
Debajo de la mesa se mezclan los residuos
de una historia que sigue amenazando.

El cariño es adictivo.
El dolor es propio.
El deseo a veces no se comparte.
Y solo en el mejor de los casos los regresos no son un fracaso.

lunes, 8 de mayo de 2017

No sé decir adiós






Soy una ventana
y me he quedado huérfana de horas
y, sin embargo, sigo cargada de
corrientes marinas.
Flavia ha dibujado que la vida puede bucearse,
como si alguien en su letargo pensara
que no hundirse, no mancharse y no
salpicar pudiera, remotamente,
asemejarse a vivir.
En el yunque del paso del tiempo
y en la forja de los años
y en la migraña de la rutina
las despedidas siempre han sido cicatrices
que no sanan.
Pero yo no sé decir adiós,
siempre acaban sus letras escapando
torpemente del abandono
en una huida hábil hacia la memoria eterna.
No sé decir adiós,
de la misma manera que no sé vivir en
ningún lugar que no sea el abrazo.
Yo no sé decir adiós,
como tampoco sé dibujar o construir o
                                                         levitar
o querer en una sola dirección.
Yo no sé decir adiós
ni utilizar la mano izquierda
ni esperarme ni callar
ni usar nada que no sea la poesía para amortiguar
los golpes
ni dejar de echarte de menos.
Yo no sé decir adiós.
Por eso
vuelve.